La nutrición y los problemas de comportamiento en el perro

Problemas de conducta más comunes en el perro

Las causas que pueden provocar problemas de comportamiento en un perro son múltiples.

Desde maltrato físico y verbal, a mala socialización, pasando por una educación deficiente, no prestarle la debida atención, humanización excesiva, enfermedades, envejecimiento, hacinamiento, situaciones inesperadas en su vida como muertes o nacimientos en la familia, mudanzas…

Pero si tu perro está bien tratado, ha convivido con otros perros desde cachorro, sale varias veces todos los días y, aun así, lo ves nervioso, ansioso, incluso agresivo contigo, ten por seguro que ese problema de comportamiento tiene su origen en la NUTRICIÓN.

A continuación, quiero hablarte de un caso que me llegó hace unos meses.

Se trata de Elvis, un pastor alemán de año y medio, que fue comprado por Ana y Luis (nombres ficticios de estos clientes para preservar su identidad) a un criador “responsable” (presumiblemente responsable, porque eso habría que verlo), y que desde que tuvo 16 semanas fue llevado a sesiones privadas de entrenamiento y a clases de obediencia con refuerzo positivo.

Era su primer perro y querían hacerlo todo “perfectamente”.

Por qué un perro se puede volver agresivo de repente

Este es el mejor ejemplo que te puedo poner para entender un problema de conducta que fue enfocado mal desde el principio y que, a todas luces, estaba relacionado con la alimentación.

Elvis, cuando tenía entre 6-7 meses, comenzó a tener problemas de comportamiento y sus humanos, muy preocupados por la agresividad que tenía y que iba en aumento con el paso de las semanas (les gruñía cuando intentaban quitarle los juguetes o le acariciaban, no toleraba que le limpiaran los oídos o le cortaran las uñas), decidieron llevarle, cuando tenía 10 meses con un veterinario conductista en busca de una solución.

Antes de seguir, déjame decirte que cuando me contactaron una de las cosas que más me llamó la atención sobre Elvis es que me dijeron que se quejaba y caminaba por la casa de un lado a otro y que cuando estaba muy nervioso montaba la pierna de Luis.

Además, “curiosamente” y coincidiendo con ese cambio de conducta, alrededor de los 7 meses de edad, empezó a presentar intolerancia alimentaria que le provocaba prurito (por lo que su veterinario, quién le había tratado desde cachorro, le recomendó un pienso “especial”), falta de apetito y diarrea crónica, lo que aumentaba su agresividad y su aislamiento (no quería que nadie se le acercara).

Se sentía mal las 24 horas del día, ¿cómo no iba a tener problemas de comportamiento?

Bien, con todo esto que te acabo de contar, mi colega veterinario conductista, tras examinarlo, determinó que sí, que sus problemas de conducta podían deberse a problemas fisiológicos y médicos, pero en ningún momento valoró hacer un cambio de alimentación.

¿Qué hizo?

Recomendar a Ana y Luis que ajustasen el programa de modificación de conducta al que le llevaban desde que era un cachorro.

En otras palabras, sugirió que otro tipo de sesiones de entrenamiento y clases de obediencia solucionarían el problema de comportamiento.

¿Y qué ocurrió?

Que la enfermedad gastrointestinal crónica progresó, aumentó la agresividad y disminuyeron cada vez más las ganas de comer.

Resultado: las clases de entrenamiento se hicieron cada vez más y más difíciles.

El triptófano en perros agresivos

Y en este punto fue cuando Ana, Luis y Elvis llegaron a mi clínica.

Estaban tan preocupados y desesperados de ver que ni siquiera un entrenador de perros profesional, con mucha experiencia, podía mejorar su conducta y bajar los niveles de ansiedad y agresividad, que empezaron a buscar otras opciones por internet y encontraron este artículo que publiqué hace un tiempo: “El comportamiento de tu perro y su nutrición”.

En ese artículo hablo de los beneficios que aporta el triptófano como precursor de la serotonina que es el «alimento clave del cerebro» que ayuda al buen funcionamiento de las neuronas y, por lo tanto, al sistema nervioso, dando lugar a un carácter templado.

¿Y dónde se encuentra el triptófano?

En la proteína animal, por eso es importantísimo que le des de comer a tu perro una dieta natural bien hecha rica en esta proteína y te aseguro que el triptófano presente en unos productos altamente industrializados como los piensos y tan pobres en nutrientes, es de pésima calidad.

Leer ese artículo fue un antes y un después en la vida de los tres.

Rápidamente, se pusieron en contacto conmigo, me contaron el caso y nos pusimos a trabajar.

Con mucha frecuencia me llegan casos de perritos con picores, que se rascan las orejas, se muerden las patas, que tienen diarreas, signos evidentes de una alergia o intolerancia alimentaria con el consecuente problema digestivo.

En estos casos, se tiene que dar una dieta natural específica que no irrite aún más la mucosa intestinal, que ayude a equilibrar y mantener una microflora (microbioma) que alivie y refuerce el intestino, así como nutrientes ortomoleculares que combatan la inflamación y fortalezcan las células fundamentales del intestino: enterocitos y colonocitos, del intestino delgado y grueso, respectivamente.

Lo primero que hice fue esto último: fortalecer su sistema digestivo con nutrientes ortomoleculares, porque al ser un perro alimentado con pienso era, digestivamente hablando, extremadamente débil.

Simplemente con esto, Ana y Luis vieron en los primeros días ya como Elvis estaba más tranquilo.

Y lo siguiente, cómo no, fue empezar a darle una dieta natural adecuada a la enfermedad gastrointestinal que arrastraba producto de la intolerancia alimentaria.

Te aseguro que en poco más de una semana, Elvis tuvo un cambio espectacular: dejó de caminar por la casa y quejarse, y sus niveles de ansiedad y por lo tanto de agresividad bajaron, pero no solo esto, aumentó su apetito, la diarrea empezó a controlarse y el nivel de prurito (picor) disminuyó.

Poco a poco empezó a ser un perro “normal”, porque los perros en el 95% de los casos son alimentados con algo tan antinatural como lo es el pienso.

Nos llevó unos tres meses estabilizar completamente su sistema digestivo y, por lo tanto, controlar la intolerancia alimentaria y en ese tiempo su cambio de conducta fue impresionante.

Al sentirse bien, Elvis dejó de mostrar ansiedad y agresividad: se dejaba acariciar, podían quitarle los juguetes, permitía que le limpiaran las orejas, que le cepillaran, cortarle las uñas, respondía mejor al entrenamiento… y todo sin un gruñido o un mordisco.

“Somos lo que comemos” y este caso es un ejemplo claro de la relación que existe entre la alimentación y las enfermedades.

Si notas un cambio en la conducta de tu perrito o de tu gato, primero analiza todo lo que haya podido ocurrir a su alrededor y si no hay nada extraño, llévalo a tu veterinario para que le haga un examen exhaustivo, te dé un diagnóstico y acto seguido busca a un veterinario nutricionista con amplia experiencia y una gran casuística para que prepare una dieta natural adecuada.

Comportamiento y nutrición van de la mano, no lo olvides.

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Saludogs

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